La Epístola de Pablo a los Romanos es, sin duda alguna, el
documento humano más poderoso que jamás se ha escrito y es oro puro de
principio a fin. Este es el libro que encendió un fuego en el corazón de Martin
Lutero y dio origen a la Reforma Protestante, cambiando la historia de Europa,
además del mundo. Este es el libro que conmovió profundamente a John Wesley, estando
sentado en una pequeña capilla en Londres, escuchando el preludio a la Epístola
a los Romanos de Lutero. Wesley dijo que su corazón se había sentido
especialmente alentado al escuchar la exposición sobre las verdades de la
Epístola a los Romanos. Por medio de él se produjo a continuación el gran
avivamiento evangélico que salvó a Inglaterra del destino que le aguardó a
Francia y frenó la decadencia de la vida inglesa, alterando por completo y una
vez más la historia del mundo.
Espero que al llegar a esta epístola esto sirva para
despertar el interés de la iglesia. Fue escrita por Pablo a los cristianos que
se encontraban en Roma, mientras estaba pasando unos meses en Corinto antes de
subir a Jerusalén para llevar la famosa cantidad de dinero que había sido
recogida en las iglesias de Asia para los santos necesitados de Jerusalén.
No sabemos cómo empezaría la iglesia en Roma, posiblemente
lo hiciesen algunos cristianos que se habrían convertido en Pentecostés y
regresarían a la capital. Pablo les estaba escribiendo porque había oído hablar
acerca de la fe de ellos y deseaba satisfacerla al máximo, deseando que se
basase firmemente en la verdad. Por lo que esta epístola constituye una
magnífica explicación del mensaje total del Cristianismo y contiene todas las
doctrinas cristianas en alguna forma, además de ser un panorama del maravilloso
plan que tiene Dios para la redención del hombre.
Si no tuviésemos en nuestro poder ningún otro libro de la
Biblia más que éste, encontraríamos en él todas las enseñanzas cristianas que
al menos se mencionan aquí. Si consiguen ustedes captar en profundidad el
mensaje del libro de Romanos en su argumento total se sentirán ustedes
perfectamente familiarizados con cualquier otra parte de las Escrituras.
En la introducción, que se encuentra en los primeros 17
versículos, Pablo nos escribe acerca de Cristo, sobre los romanos cristianos y
acerca de sí mismo. Como en cualquier buena introducción, presenta en ella los
principales temas de la epístola. La epístola está realmente dividida en tres
partes principales: del capítulo uno al ocho, del nueve al 11, y del 12 al 16.
Estas divisiones surgen de modo natural unas de otras.
Como veremos, los primeros ocho capítulos son explicaciones
doctrinales acerca de lo que Dios está haciendo con el hombre; su manera de
redimir al hombre en todos sus aspectos, es decir, en cuerpo, alma y espíritu.
Los capítulos nueve al 11 son un ejemplo para nosotros sobre el tema en la
nación de Israel. Y de los capítulos 12 al 16 encontramos la parte práctica sobre
cómo se aplican estas poderosas verdades a las situaciones humanas, por lo que
el libro abarca todos los aspectos de la vida. Si recuerdan ustedes ese breve
bosquejo tendrán la clave del libro de Romanos.
El primer tema principal es acerca de Cristo, porque no hay
Cristianismo sin él. El Cristianismo no es un credo, es una vida, una vida que
ha de vivirse de nuevo en usted y, por lo tanto, es preciso aprender acerca de
Cristo, que es el tema de la epístola y es la nota con la que comienza.
A continuación Pablo escribe acerca de los cristianos
romanos porque son exactamente como nosotros. De hecho, este es el problema
principal con el que se enfrenta el cristianismo, los seres humanos como usted
y como yo. Es lo que eran estos cristianos romanos; son el material básico con
el que empieza Dios su obra. Todo lo que esta epístola describe sobre ellos se
aplica a nosotros, de igual manera que todo lo que es verdad sobre nosotros es
verdad con respecto a ellos. En tercer lugar, Pablo escribe sobre sí mismo porque
es el ejemplo de lo que hará Cristo, es la "muestra A, es decir, un
ejemplo vivo de la gracia de Dios. Todo esto tiene sencillamente el propósito
de hacer visible y dejar claro lo que Dios tiene la intención de hacer en
Cristo.
Esta epístola requiere ser tratada como un resumen. Al
estudiar ciertos libros de la Biblia he intentado recoger los temas
principales, los pensamientos más importantes del libro, a fin de captar la
fuerza total del mensaje, pero esta epístola se desarrolla de una manera tan lógica
que el mejor modo de exponerla es siguiendo el argumento, sin calentarse la
cabeza por causa de los detalles, a fin de que podamos ver la lógica aplastante
de la que se vale el apóstol para desarrollar su tema. Cuando hayamos acabado,
veremos de qué modo tan magnífico ha captado y nos explica todas las poderosas
verdades del Evangelio.
Para comenzar, tenemos en el capítulo uno la afirmación
central de la epístola, el Evangelio:
"No
me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios..."
¿Quién se avergonzaría del poder de Dios, la mas poderosa
fuerza posible en el universo, que opera en el evangelio? Es una fuerza que
cambia las vidas, que puede apoderarse de un joven que va a la deriva, que
tiene una vida sin propósito, perdido, al que no le importa a dónde se dirige y
no tiene ni idea de por qué vive y de repente se produce una transformación en
su vida que le da un propósito, un motivo y un impulso, que es como funciona el
poder de Dios y ese es precisamente el Evangelio.
1:16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder
de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también
al griego.
Pablo
nos enseñará al ir leyendo, porque en el Evangelio:
1:17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela
por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
Este versículo es una cita de Habacuc y es el versículo que
quedó indeleblemente grabado en el corazón de Martin Lutero. Ese es el tema de
Pablo, la justicia de Dios que se revela en el evangelio.
El apóstol comienza por los injustos, aquellos a los que
llamamos "mala gente y los desechados de la sociedad, pero primero resume
las dos clases de personas en un versículo. Es un versículo tan importante que
quisiera llamar especialmente su atención a él, versículo 18.
1:18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra
toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la
verdad;
Debido a esta supresión, la ira de Dios está constantemente
manifestándose y dejándose sentir sobre la humanidad. Este capítulo desarrolla
esta ira y resulta que no se manifiesta mediante relámpagos del cielo, que caen
sobre las personas malvadas que se pasan de la raya, sino que Dios está más
bien diciéndole a la humanidad: "Escuchad, no quiero que hagán una cosa determinada
porque los destruirá, pero si insistes en hacerlo, puedes hacerlo, pero tendras
que aceptar las consecuencias. No puedes decidir vivir de manera equivocada y
evitar las consecuencias que se producen por causa de esa decisión.
En tres ocasiones diferentes en este capítulo se menciona la
ira de Dios en la frase repetida "(Dios) los entregó. Lo cual da como
resultado esta situación, versiculo del 29 al 31
1:29 estando atestados de toda injusticia, fornicación,
perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas,
engaños y malignidades;
1:30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios,
injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los
padres,
1:31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin
misericordia;
Pero no toda la sociedad es así. En el capítulo dos, el
apóstol examina el otro lado, los "buenos, la "gente buena, las
personas consideradas como "morales y "religiosas que para entonces
se deleitan en apuntar con el dedo a la multitud que vive en una maldad evidente
y vil.
A continuación muestra, de una manera asombrosa, de qué modo
esto es cierto. Revela que estas personas que dicen "pero si nosotros no
hacemos esas cosas. No vivimos de ese modo. No fumamos, no tomamos, no
participamos en comportamientos sexuales licenciosos. Cumplimos las leyes y nos
comportamos bien, son personas tan culpables como las otras.
Esta clase de personas también están cumpliendo algunas de
las cosas que se mencionan arriba, de la misma manera que los que las hacen de
modo más abierto. Se dejan arrastrar por cosas como la malicia, la lucha, el
engaño, la malevolencia, la calumnia y otras cosas. También ellos son
"inventores del mal y son además "insensatos, infieles, despiadados e
insensibles. Lo ocultan por medio de una apariencia exterior de bondad, pero
muy adentro, sus corazones están tan llenos de maldad, de envidia, de celos, de
lucha y de malas intenciones unos contra otros como las demás personas.
Así que ahí tenemos la imagen de la humanidad. Las personas
que creen en hacer lo que les apetece están a un lado, mirando a las otras
personas morales y respetables, leyendo sus corazones correctamente y diciendo:
"fijate en esos hipócritas. No tendría nada que ver con ellos por nada del
mundo. Y todas las personas "morales y respetables miran a las otras
diciendo: "fíjate en esa banda de libertinos y concupiscentes, no queremos
tener nada que ver con ellos. Pero Dios, que vuelve la luz de sus ojos
omniscientes sobre la humanidad, dice: "todos son igualmente culpables. No
hay diferencia alguna.
Luego llega el judíos y dice: "¿y qué pasa conmigo?
Después de todo, soy judío y tengo ciertas ventajas ante Dios. Pablo examina
esta afirmación y muestra que el judío se encuentra exactamente en la misma barca
que el resto de las personas. A pesar de sus ventajas, está dominado por la
misma enemistad de corazón que otros. De manera que la conclusión a la que
llega Pablo es que la humanidad necesita, sin excepción, un Redentor.
Eso prepara el camino para el evangelio. Cuando el hombre es
consciente de ello, la conclusión se encuentra en este pasaje bien conocido
(capítulo 3, versículos 19-20):
3:19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los
que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo
el juicio de Dios;
3:20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será
justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del
pecado.
Y luego, dice en el versículo 23:
3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la
gloria de Dios,
Como expresa Felipe, de una manera tan preciosa en esa
última cláusula: "todos han pecado y se han perdido la belleza del plan de
Dios. Eso establece el fundamento de la redención.
En la redención hay tres fases, como Pablo nos explica, que
ustedes conocen bien: la justificación, la redención y la glorificación. El
capítulo cuatro ilustra el significado de la justificación. Pablo comienza a
exponer este tema al final del capítulo tres, donde nos muestra que la justificación
representa que Dios nos concede una situación de justicia ante él, en base a la
obra de Cristo porque Otro ha muerto en nuestro lugar, supliendo nuestra
necesidad. Nosotros no podríamos conseguirlo jamás, porque somos completamente
incapaces de agradar a Dios aparte de este cambio que se produce en el corazón.
Poco importa la diferencia, tanto si llevamos una vida
exterior moral y respetable como si todo lo pisoteamos y vivimos como bohemios
o como hippies. Tanto unos como otros son culpables y ninguno es aceptado, ni
se puede decir que unos sean mejores que otros. Por lo tanto, de la única
manera que podemos ser justos es aceptando el don de Dios en Jesucristo y en
eso consiste la justificación, que está relacionada con el espíritu del hombre.
Cada uno de nosotros tenemos tres aspectos diferentes en nuestro ser: tenemos
espíritu, alma y cuerpo. El programa de Dios consiste en salvar al hombre
íntegramente y en la próxima serie de capítulos Pablo nos dice cómo lo hace
Dios.
Comienza por el espíritu, que es la parte más profunda del
hombre. Lo que Dios hace con el espíritu es implantar su Espíritu Santo allí.
Eso nos concede la justicia, somos justificados ante Dios, por lo que la
justificación es algo permanente e inmutable. Es mucho más que el sencillo perdón
de los pecados, aunque también incluye eso. Es ocupar una posición delante de
Dios, como si nunca hubiésemos pecado. Hace que la justicia de Cristo se nos
impute a nosotros, como si se apuntase a nuestro favor y cuando esto sucede nos
vemos libres de la pena del pecado.
Pablo ofrece un ejemplo de esto en el capítulo cuatro,
hablando acerca de Abraham y de David, que fueron ambos justificados sobre
dicha base y no por la circuncisión o por haber obedecido a la ley ni por
ninguna otra cosa que los hombres pudiesen hacer a fin de agradar a Dios. No
existe ninguna fórmula mágica religiosa, ningún esfuerzo por obedecer un nivel
inalcanzable resultaría adecuado a los ojos de Dios. Debía ser sencillamente
por la fe y estos hombres creyeron a Dios acerca de su Hijo.
Abraham miró, por así decirlo, al futuro y vio la venida de
Cristo y creyó a Dios y fue justificado por la fe. David, a pesar de haber sido
culpable del doble pecado de adulterio y asesinato, creyó a Dios y fue
justificado, de manera que pudo cantar acerca del hombre "al que Dios no
imputaría iniquidad. Por ello, estos hombres son ejemplos del Antiguo
Testamento sobre cómo justifica Dios.
Lamentablemente, son muchos los cristianos que no pasan de
ahí, creyendo que la salvación es solo eso, una manera de escapar al infierno y
de poder ir al cielo, pero la vida humana es bastante más que el espíritu, pues
también está el alma y el cuerpo. Comenzando por el capítulo cinco, Pablo
expone cómo obra Dios a fin de librar al alma, que está formada por nuestra mente,
nuestras emociones y nuestra voluntad.
El alma del hombre, por el hecho de haber nacido de Adán, se
encuentra bajo el signo del pecado. La carne (si deseamos usar el término
bíblico que se le aplica) nos domina. La vida de Adán nos posee, con todas sus
características egocéntricas. Aunque nuestro espíritu ha sido justificado es
posible seguir teniendo el alma sometida a la esclavitud y bajo el reinado del
pecado. Así que, aunque nuestro destino ha quedado decidido en Cristo, nuestra
experiencia sigue aún bajo el control del mal, de la misma manera que lo estaba
antes de que fuésemos cristianos. Esa es la causa de la desgraciada experiencia
de vivir situaciones de altibajos, contando en ocasiones con las promesas de
Dios sobre la justificación y luego experimentando de nuevo la implacable
esclavitud del pecado en la vida, causando egoísmo y el que pensemos solo en
nosotros mismos.
¿Cuál es, pues, el programa de Dios para esto? Para
resumirlo en una sola palabra: la santificación. Dios quiere que seamos conscientes
de que en Jesucristo se ha resuelto toda esta situación, de la misma manera que
quedó resuelto nuestro destino, para que podamos ser tan libres del reinado del
pecado como lo somos de la pena por el mismo.
Oración: padre nuestro enséñanos con tu Espíritu Santo a
andar como santos, enséñanos a caminar en rectitud en amor y en paz, te damos
gracias porque tu palabra a hallado cabida en nuestros corazones, tu eres el
único que sabe nuestro andar por eso te pedimos fuerza para poder estar firme
en este mundo de maldad, ayúdanos a tener
una visión clara así como la tubo pablo, gracias por tu hijo amado su
muerte y resurrección es nuestra garantía de esa justicia por fe., te damos
gracias en el nombre de tu hijo santo, nuestro señor Jesús Amen.

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