martes, 26 de abril de 2016

Pasion por el Evangelio

La Epístola de Pablo a los Romanos es, sin duda alguna, el documento humano más poderoso que jamás se ha escrito y es oro puro de principio a fin. Este es el libro que encendió un fuego en el corazón de Martin Lutero y dio origen a la Reforma Protestante, cambiando la historia de Europa, además del mundo. Este es el libro que conmovió profundamente a John Wesley, estando sentado en una pequeña capilla en Londres, escuchando el preludio a la Epístola a los Romanos de Lutero. Wesley dijo que su corazón se había sentido especialmente alentado al escuchar la exposición sobre las verdades de la Epístola a los Romanos. Por medio de él se produjo a continuación el gran avivamiento evangélico que salvó a Inglaterra del destino que le aguardó a Francia y frenó la decadencia de la vida inglesa, alterando por completo y una vez más la historia del mundo.
Espero que al llegar a esta epístola esto sirva para despertar el interés de la iglesia. Fue escrita por Pablo a los cristianos que se encontraban en Roma, mientras estaba pasando unos meses en Corinto antes de subir a Jerusalén para llevar la famosa cantidad de dinero que había sido recogida en las iglesias de Asia para los santos necesitados de Jerusalén.
No sabemos cómo empezaría la iglesia en Roma, posiblemente lo hiciesen algunos cristianos que se habrían convertido en Pentecostés y regresarían a la capital. Pablo les estaba escribiendo porque había oído hablar acerca de la fe de ellos y deseaba satisfacerla al máximo, deseando que se basase firmemente en la verdad. Por lo que esta epístola constituye una magnífica explicación del mensaje total del Cristianismo y contiene todas las doctrinas cristianas en alguna forma, además de ser un panorama del maravilloso plan que tiene Dios para la redención del hombre.
Si no tuviésemos en nuestro poder ningún otro libro de la Biblia más que éste, encontraríamos en él todas las enseñanzas cristianas que al menos se mencionan aquí. Si consiguen ustedes captar en profundidad el mensaje del libro de Romanos en su argumento total se sentirán ustedes perfectamente familiarizados con cualquier otra parte de las Escrituras.
En la introducción, que se encuentra en los primeros 17 versículos, Pablo nos escribe acerca de Cristo, sobre los romanos cristianos y acerca de sí mismo. Como en cualquier buena introducción, presenta en ella los principales temas de la epístola. La epístola está realmente dividida en tres partes principales: del capítulo uno al ocho, del nueve al 11, y del 12 al 16. Estas divisiones surgen de modo natural unas de otras.
Como veremos, los primeros ocho capítulos son explicaciones doctrinales acerca de lo que Dios está haciendo con el hombre; su manera de redimir al hombre en todos sus aspectos, es decir, en cuerpo, alma y espíritu. Los capítulos nueve al 11 son un ejemplo para nosotros sobre el tema en la nación de Israel. Y de los capítulos 12 al 16 encontramos la parte práctica sobre cómo se aplican estas poderosas verdades a las situaciones humanas, por lo que el libro abarca todos los aspectos de la vida. Si recuerdan ustedes ese breve bosquejo tendrán la clave del libro de Romanos.
El primer tema principal es acerca de Cristo, porque no hay Cristianismo sin él. El Cristianismo no es un credo, es una vida, una vida que ha de vivirse de nuevo en usted y, por lo tanto, es preciso aprender acerca de Cristo, que es el tema de la epístola y es la nota con la que comienza.
A continuación Pablo escribe acerca de los cristianos romanos porque son exactamente como nosotros. De hecho, este es el problema principal con el que se enfrenta el cristianismo, los seres humanos como usted y como yo. Es lo que eran estos cristianos romanos; son el material básico con el que empieza Dios su obra. Todo lo que esta epístola describe sobre ellos se aplica a nosotros, de igual manera que todo lo que es verdad sobre nosotros es verdad con respecto a ellos. En tercer lugar, Pablo escribe sobre sí mismo porque es el ejemplo de lo que hará Cristo, es la "muestra A, es decir, un ejemplo vivo de la gracia de Dios. Todo esto tiene sencillamente el propósito de hacer visible y dejar claro lo que Dios tiene la intención de hacer en Cristo.
Esta epístola requiere ser tratada como un resumen. Al estudiar ciertos libros de la Biblia he intentado recoger los temas principales, los pensamientos más importantes del libro, a fin de captar la fuerza total del mensaje, pero esta epístola se desarrolla de una manera tan lógica que el mejor modo de exponerla es siguiendo el argumento, sin calentarse la cabeza por causa de los detalles, a fin de que podamos ver la lógica aplastante de la que se vale el apóstol para desarrollar su tema. Cuando hayamos acabado, veremos de qué modo tan magnífico ha captado y nos explica todas las poderosas verdades del Evangelio.
Para comenzar, tenemos en el capítulo uno la afirmación central de la epístola, el Evangelio:
"No me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios..."
¿Quién se avergonzaría del poder de Dios, la mas poderosa fuerza posible en el universo, que opera en el evangelio? Es una fuerza que cambia las vidas, que puede apoderarse de un joven que va a la deriva, que tiene una vida sin propósito, perdido, al que no le importa a dónde se dirige y no tiene ni idea de por qué vive y de repente se produce una transformación en su vida que le da un propósito, un motivo y un impulso, que es como funciona el poder de Dios y ese es precisamente el Evangelio.
1:16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
Pablo nos enseñará al ir leyendo, porque en el Evangelio:
1:17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
Este versículo es una cita de Habacuc y es el versículo que quedó indeleblemente grabado en el corazón de Martin Lutero. Ese es el tema de Pablo, la justicia de Dios que se revela en el evangelio.
El apóstol comienza por los injustos, aquellos a los que llamamos "mala gente y los desechados de la sociedad, pero primero resume las dos clases de personas en un versículo. Es un versículo tan importante que quisiera llamar especialmente su atención a él, versículo 18.
1:18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;
Debido a esta supresión, la ira de Dios está constantemente manifestándose y dejándose sentir sobre la humanidad. Este capítulo desarrolla esta ira y resulta que no se manifiesta mediante relámpagos del cielo, que caen sobre las personas malvadas que se pasan de la raya, sino que Dios está más bien diciéndole a la humanidad: "Escuchad, no quiero que hagán una cosa determinada porque los destruirá, pero si insistes en hacerlo, puedes hacerlo, pero tendras que aceptar las consecuencias. No puedes decidir vivir de manera equivocada y evitar las consecuencias que se producen por causa de esa decisión.
En tres ocasiones diferentes en este capítulo se menciona la ira de Dios en la frase repetida "(Dios) los entregó. Lo cual da como resultado esta situación, versiculo del 29 al 31
1:29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;
1:30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,
1:31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;
Pero no toda la sociedad es así. En el capítulo dos, el apóstol examina el otro lado, los "buenos, la "gente buena, las personas consideradas como "morales y "religiosas que para entonces se deleitan en apuntar con el dedo a la multitud que vive en una maldad evidente y vil.
A continuación muestra, de una manera asombrosa, de qué modo esto es cierto. Revela que estas personas que dicen "pero si nosotros no hacemos esas cosas. No vivimos de ese modo. No fumamos, no tomamos, no participamos en comportamientos sexuales licenciosos. Cumplimos las leyes y nos comportamos bien, son personas tan culpables como las otras.
Esta clase de personas también están cumpliendo algunas de las cosas que se mencionan arriba, de la misma manera que los que las hacen de modo más abierto. Se dejan arrastrar por cosas como la malicia, la lucha, el engaño, la malevolencia, la calumnia y otras cosas. También ellos son "inventores del mal y son además "insensatos, infieles, despiadados e insensibles. Lo ocultan por medio de una apariencia exterior de bondad, pero muy adentro, sus corazones están tan llenos de maldad, de envidia, de celos, de lucha y de malas intenciones unos contra otros como las demás personas.
Así que ahí tenemos la imagen de la humanidad. Las personas que creen en hacer lo que les apetece están a un lado, mirando a las otras personas morales y respetables, leyendo sus corazones correctamente y diciendo: "fijate en esos hipócritas. No tendría nada que ver con ellos por nada del mundo. Y todas las personas "morales y respetables miran a las otras diciendo: "fíjate en esa banda de libertinos y concupiscentes, no queremos tener nada que ver con ellos. Pero Dios, que vuelve la luz de sus ojos omniscientes sobre la humanidad, dice: "todos son igualmente culpables. No hay diferencia alguna.
Luego llega el judíos y dice: "¿y qué pasa conmigo? Después de todo, soy judío y tengo ciertas ventajas ante Dios. Pablo examina esta afirmación y muestra que el judío se encuentra exactamente en la misma barca que el resto de las personas. A pesar de sus ventajas, está dominado por la misma enemistad de corazón que otros. De manera que la conclusión a la que llega Pablo es que la humanidad necesita, sin excepción, un Redentor.
Eso prepara el camino para el evangelio. Cuando el hombre es consciente de ello, la conclusión se encuentra en este pasaje bien conocido (capítulo 3, versículos 19-20):
3:19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;
3:20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.
Y luego, dice en el versículo 23:
3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
Como expresa Felipe, de una manera tan preciosa en esa última cláusula: "todos han pecado y se han perdido la belleza del plan de Dios. Eso establece el fundamento de la redención.
En la redención hay tres fases, como Pablo nos explica, que ustedes conocen bien: la justificación, la redención y la glorificación. El capítulo cuatro ilustra el significado de la justificación. Pablo comienza a exponer este tema al final del capítulo tres, donde nos muestra que la justificación representa que Dios nos concede una situación de justicia ante él, en base a la obra de Cristo porque Otro ha muerto en nuestro lugar, supliendo nuestra necesidad. Nosotros no podríamos conseguirlo jamás, porque somos completamente incapaces de agradar a Dios aparte de este cambio que se produce en el corazón.
Poco importa la diferencia, tanto si llevamos una vida exterior moral y respetable como si todo lo pisoteamos y vivimos como bohemios o como hippies. Tanto unos como otros son culpables y ninguno es aceptado, ni se puede decir que unos sean mejores que otros. Por lo tanto, de la única manera que podemos ser justos es aceptando el don de Dios en Jesucristo y en eso consiste la justificación, que está relacionada con el espíritu del hombre. Cada uno de nosotros tenemos tres aspectos diferentes en nuestro ser: tenemos espíritu, alma y cuerpo. El programa de Dios consiste en salvar al hombre íntegramente y en la próxima serie de capítulos Pablo nos dice cómo lo hace Dios.
Comienza por el espíritu, que es la parte más profunda del hombre. Lo que Dios hace con el espíritu es implantar su Espíritu Santo allí. Eso nos concede la justicia, somos justificados ante Dios, por lo que la justificación es algo permanente e inmutable. Es mucho más que el sencillo perdón de los pecados, aunque también incluye eso. Es ocupar una posición delante de Dios, como si nunca hubiésemos pecado. Hace que la justicia de Cristo se nos impute a nosotros, como si se apuntase a nuestro favor y cuando esto sucede nos vemos libres de la pena del pecado.
Pablo ofrece un ejemplo de esto en el capítulo cuatro, hablando acerca de Abraham y de David, que fueron ambos justificados sobre dicha base y no por la circuncisión o por haber obedecido a la ley ni por ninguna otra cosa que los hombres pudiesen hacer a fin de agradar a Dios. No existe ninguna fórmula mágica religiosa, ningún esfuerzo por obedecer un nivel inalcanzable resultaría adecuado a los ojos de Dios. Debía ser sencillamente por la fe y estos hombres creyeron a Dios acerca de su Hijo.
Abraham miró, por así decirlo, al futuro y vio la venida de Cristo y creyó a Dios y fue justificado por la fe. David, a pesar de haber sido culpable del doble pecado de adulterio y asesinato, creyó a Dios y fue justificado, de manera que pudo cantar acerca del hombre "al que Dios no imputaría iniquidad. Por ello, estos hombres son ejemplos del Antiguo Testamento sobre cómo justifica Dios.
Lamentablemente, son muchos los cristianos que no pasan de ahí, creyendo que la salvación es solo eso, una manera de escapar al infierno y de poder ir al cielo, pero la vida humana es bastante más que el espíritu, pues también está el alma y el cuerpo. Comenzando por el capítulo cinco, Pablo expone cómo obra Dios a fin de librar al alma, que está formada por nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad.
El alma del hombre, por el hecho de haber nacido de Adán, se encuentra bajo el signo del pecado. La carne (si deseamos usar el término bíblico que se le aplica) nos domina. La vida de Adán nos posee, con todas sus características egocéntricas. Aunque nuestro espíritu ha sido justificado es posible seguir teniendo el alma sometida a la esclavitud y bajo el reinado del pecado. Así que, aunque nuestro destino ha quedado decidido en Cristo, nuestra experiencia sigue aún bajo el control del mal, de la misma manera que lo estaba antes de que fuésemos cristianos. Esa es la causa de la desgraciada experiencia de vivir situaciones de altibajos, contando en ocasiones con las promesas de Dios sobre la justificación y luego experimentando de nuevo la implacable esclavitud del pecado en la vida, causando egoísmo y el que pensemos solo en nosotros mismos.
¿Cuál es, pues, el programa de Dios para esto? Para resumirlo en una sola palabra: la santificación. Dios quiere que seamos conscientes de que en Jesucristo se ha resuelto toda esta situación, de la misma manera que quedó resuelto nuestro destino, para que podamos ser tan libres del reinado del pecado como lo somos de la pena por el mismo.

Oración: padre nuestro enséñanos con tu Espíritu Santo a andar como santos, enséñanos a caminar en rectitud en amor y en paz, te damos gracias porque tu palabra a hallado cabida en nuestros corazones, tu eres el único que sabe nuestro andar por eso te pedimos fuerza para poder estar firme en este mundo de maldad, ayúdanos a tener  una visión clara así como la tubo pablo, gracias por tu hijo amado su muerte y resurrección es nuestra garantía de esa justicia por fe., te damos gracias en el nombre de tu hijo santo, nuestro señor Jesús Amen. 

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